Por Silvia Marchetti, CNN

Amelia Butler, originaria de EE.UU., anhelaba paz y tranquilidad después de trabajar como maestra durante 20 años. Ella dice que comprar una casa a un precio de ganga en Italia le ha dado precisamente eso.

Esta mujer de 57 años ahora pasa la mitad del año en el pueblo rural de Latronico, ubicado en la región sur de Basilicata en Italia, y el resto del año en Filadelfia, su ciudad natal.

Es un sueño hecho realidad para Butler, a quien le encanta lo apartado que está el idílico pueblo, rodeado de montañas, y añade que finalmente puede “relajarse y disfrutar de la vida y la gente” allí.

“Me gusta la belleza del campo. Me encanta caminar mucho por el pueblo y por los senderos rurales. Es muy tranquilo”, le dice a CNN Butler, quien actualmente trabaja como consultora de vida y de educación.

La exprofesora de inglés y matemáticas decidió hacer realidad su sueño de mudarse al extranjero después de sentirse cada vez más estresada en el trabajo y querer hacer un cambio.

“Estaba aumentando de peso, me estaba subiendo la presión arterial y quería jubilarme”, dice, y agrega que, durante algunos años, había estado pensando en irse de Estados.

Butler tenía algunos destinos en mente y buscó propiedades en varios países, incluidos Costa Rica, el Reino Unido y Honduras. Pero había un lugar que le encantaba visitar y al que siempre regresaba: Italia.

Cuando se enteró de que en la ciudad italiana de Latronico las autoridades han estado vendiendo y alquilando propiedades de muy bajo costo desde el 2021, a través de un plan que tiene el propósito de repoblar el pueblo, Butler se interesó mucho.

Se sintió atraída por la ubicación tranquila rodeada de montañas, así como por los precios asequibles de las propiedades.

“Quería un lugar donde pudiera estar en contacto con la naturaleza”, dice Butler. “No tenía ningún deseo de vivir en una gran ciudad como Roma”.

Butler revisó la plataforma en línea y se sintió atraída por una foto de una propiedad en el distrito histórico de Latronico.

“Sabía que era mía”, dice Butler, describiendo la vista “sin obstáculos” que tiene la casa del valle Sinni y del río del mismo nombre que lo atraviesa.

“Cuando vi la imagen de la vista desde la ventana, literalmente se me llenaron los ojos de lágrimas. Fue tan hermoso que me hizo sentir en paz”.

Compró la casa de una habitación, que también tiene un área de almacenamiento en el nivel inferior, sin verla en persona y sin ni siquiera visitar el pueblo.

“No quería algo que fuera un trabajo de remodelación total, en el que tuviera que rehacer todo. Lo que me gustó fue que esta propiedad estaba en una condición que básicamente era ‘llave en mano’, estaba lista para mudarse.

Aunque el precio de compra era originalmente de 14.000 euros (US$ 16.240), Butler pudo llegar a un acuerdo con los propietarios para comprarla por 12.500 euros (US$ 14.500). La casa tiene un balcón con vistas al valle y las montañas de la zona

Vincenzo Castellano, originario de Latronico y fundador de la plataforma de vivienda, junto son su socia, Mariangela Tortorella, estuvieron presentes para guiarla a través del proceso de compra, que duró entre tres y cuatro meses.

“Gestionaron toda la comunicación con los propietarios y el notario, encargándose de recopilar y preparar los documentos necesarios para la firma”, dice Butler.

“Todo se hizo increíblemente fácil y no hubo necesidad de viajar a Italia”.

Butler dice que el proceso fue “fluido”, aunque ocasionalmente se cuestionó a sí misma, preguntándose: “¿Estoy haciendo lo correcto?… ¿Es una locura?”

En mayo de 2023, Butler viajó a Latronico por primera vez con su hija, que vive en EE.UU. con ella.

Una vez que llegó a la ciudad, Butler quedó encantada al instante con los viejos callejones adoquinados y los rincones tranquilos del antiguo centro de Latronico.

“Me encanta el camino que tengo que tomar, entre los callejones, hasta llegar a mi casa, disfruto de la tranquilidad”, dice. “Simplemente era todo lo que quería en un hogar en Europa”.

Según Butler, el área “calmante” tuvo un efecto curativo en ella y se sintió mejor después de estar unos días allí.

Le llamó especialmente la atención la tranquilidad de Latronico y notó que no parecía haber niños alrededor.

“No vimos niños durante un par de días y nos preguntamos: ‘¿Qué está pasando?’ Supongo que durante las horas que caminábamos, estaban en la escuela”, dice Butler, y agrega que ella y su hija se sintieron aliviadas cuando finalmente vieron a algunos niños unos días después.

El pueblo tiene una población de alrededor de 4.000 habitantes, principalmente residentes mayores o de mediana edad, según Butler, quien añade que hay muy poca gente durante gran parte del día.

“Ese fue uno de los ajustes que tuve que hacer, porque en Estados Unidos, dondequiera que voy, veo gente todo el tiempo”, dice.

“Al principio fue un poco inquietante para mí: ‘Oh, ¿dónde están todos?’ Me pregunté. Y no hay muchas tiendas en la ciudad, a pesar de que tienes todos los productos básicos”.

La llegada de Butler a Latronico no pasó desapercibida. Ella recuerda jocosamente “las miradas” de los residentes y escuchar al dueño de una tienda decir: “Oh, una estadounidense acaba de irse”, cuando entró otro cliente.

A Butler le encanta la sensación de comunidad del pueblo, describiendo cómo los “acogedores” residentes salen a tomar un café por la mañana y pasan el rato juntos en la plaza durante la noche.

En cuanto a la comida, aprecia la frescura y ligereza de los diferentes platos e ingredientes, pero no le gustan los populares pimientos cruscos, que se comen de diversas maneras en Basilicata.

“Tuve que adaptarme un poco a la comida”, dice Butler. “Hago mi propia comida y nunca he comido los pimientos secos que ellos (los lugareños) tienen, que supongo les parecen buenos a algunas personas”.

Ahora Butler come pasta con más regularidad que antes, pero dice que probablemente nunca se acostumbrará a comerla dos veces al día como lo hacen muchos lugareños.

“Me gusta el sabor de la pasta en Latronico a diferencia de la pasta que se compra en las tiendas en de EE.UU. Que ha sido procesada y hecha de tal manera que pueda tener una vida de anaquel eterna”, dice.

Después de viajar extensamente en el pasado a países como Portugal, Japón y Costa Rica, Butler dice que se ha vuelto muy adaptable y que no hubo grandes “choques culturales” o desafíos para acostumbrarse a vivir en el sur de Italia.

Uno de los mayores ajustes para ella ha sido el horario más corto en el que las tiendas locales están abiertas, que incluso, a veces cierran a la mitad del día.

“En (Filadelfia), nuestros mercados están abiertos hasta las 10 u 11 de la noche”, dice Butler y explica que tiene que planificar con anticipación cuando está en Latronico.
“En Filadelfia cada vez que necesito algo de la tienda siempre hay un lugar abierto las 24 horas para comprarlo”.

“Ese fue uno de los principales ajustes, saber que no puedo levantarme en medio de la noche e ir a comprar una botella de vino en el mercado”.

Butler tiene una visa de nómada digital, que les permite a trabajadores remotos altamente calificados y no pertenecientes a la Unión Europea vivir y trabajar en Italia.

La atmósfera pacífica de Latronico le permite concentrarse sin las distracciones regulares que tiene en Filadelfia, y actualmente está escribiendo un libro sobre su experiencia, además de trabajar de forma remota.

Todavía no ha comenzado a aprender italiano, pero Butler ha podido arreglárselas a pesar de todo, y planea tomar lecciones en el futuro.

Al mismo tiempo, ha estado ocupada renovando su propiedad, completando principalmente tareas estéticas y funcionales, como actualizar el sistema eléctrico, pintar las paredes y agregar un área para la lavandería.

La renovación, que incluyó darle un cambio de imagen tanto al baño como a la cocina, le ha costado un total de US$ 18.000 hasta ahora. Butler también está trabajando en el rediseño del espacio de la planta baja de la propiedad.

Está feliz de dividir su tiempo entre EE.UU. e Italia por ahora, pero espera jubilarse definitivamente en Latronico en el futuro.

Cuando está en Italia, Butler pasa mucho tiempo caminando, haciendo senderismo e interactuando con los lugareños, además de visitar diferentes partes del país y otros destinos europeos.

Viajar de Filadelfia a Latronico cada año toma alrededor de 24 horas, incluido un viaje en autobús de cinco horas desde Roma, pero Butler ve esto como otra parte de la vida de ritmo lento que anhelaba.

“Lo que más me conmueve es la sencillez de vivir en Latronico”, dice.

“En mi vida profesional he hecho y he sido responsable de tanto, es agradable poder relajarse, disfrutar de la vida y de las personas, y simplemente respirar”, dice. “Lo único que cambiaría es no haberlo hecho antes”.

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