Por Zeena Saifi, Nic Robertson y William Bonnett, CNN

En lo alto de una aldea palestina con vista a Jerusalén, Atallah Mazara’a reflexiona sobre su sueño de toda la vida. Su aldea beduina de Jabal al-Baba se encuentra cerca del centro geográfico de la Ribera Occidental, entre el norte y el sur de lo que sería un futuro Estado palestino.

Sin embargo, con cada día que pasa, ese sueño parece desvanecerse en el horizonte, más lejano que nunca.

El ministro israelí de Finanzas de ultraderecha, Bezalel Smotrich, anunció la semana pasada la aprobación final de miles de nuevas viviendas para expandir el asentamiento israelí de Ma’ale Adumim, lo que en la práctica dividiría la Ribera Occidental en dos, en un plan conocido como E1.

Smotrich dejó claro que su objetivo es acabar con las perspectivas de un Estado palestino, al decir: “El Estado palestino se está borrando de la mesa no con consignas, sino con acciones”.

“El ministro quiere confiscar esta zona para impedir la creación de un Estado palestino… nuestro destino se ha vuelto incierto, no solo el mío, sino el de cada niño, cada mujer, todos. Tengo miedo”, dijo Mazara’a, líder del comité de la aldea, a CNN.

Según el gobernador de Jerusalén del Gobierno Autónomo Palestino, unas 7.000 personas palestinas que viven en 22 comunidades beduinas enfrentan la amenaza de un desplazamiento forzado debido al plan E1.

Jabal al-Baba es una de esas comunidades, donde habitan 80 familias, en total 450 palestinos. La aldea también cuenta con unos 3.000 animales, un pilar de la vida para los pastores beduinos.

Mientras Mazara’a camina alrededor de las casas que, dice, podrían ser demolidas en cualquier momento, señala el asentamiento judío cercano de Ma’ale Adumim.

“La presencia beduina en esta tierra complementa y beneficia a la naturaleza, a diferencia de la presencia de los asentamientos”, dijo.

Israel capturó la Ribera Occidental de Jordania en la guerra de 1967 y posteriormente comenzó a establecer allí asentamientos judíos, considerados ilegales según el derecho internacional, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y gran parte de la comunidad internacional. La ONU también considera a la Ribera Occidental y Jerusalén Este como territorio ocupado, que los palestinos buscan para un futuro Estado.

Los asentamientos son vistos ampliamente como el mayor obstáculo para la formación de un Estado palestino, con muchas comunidades judías expandiéndose alrededor de centros de población palestinos, a menudo construidas en terrenos de propiedad privada palestina. Hoy, según cifras de la ONU, hay 700.000 colonos judíos viviendo entre aproximadamente 3 millones de palestinos en la Ribera Occidental y Jerusalén Este.

“Estas familias han estado aquí toda su vida, desde antes de 1967”, dijo Mazara’a. “Estaban aquí antes de que se construyera el asentamiento… Como beduino, es importante para mí permanecer en esta zona. No es derecho de Israel elegir mi vida por mí en otro lugar”.

Acabar con las perspectivas de un Estado palestino ha sido un deseo expresado abiertamente por Bezalel Smotrich y otros miembros del gabinete del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Smotrich ha abogado desde hace tiempo por la expansión de los asentamientos judíos. De acuerdo con un audio filtrado en junio de 2024, dijo que la manera de impedir un Estado palestino que pondría en peligro al Estado de Israel era desarrollar asentamientos judíos. “El objetivo es cambiar el ADN del sistema por muchos, muchos años”.

Tras la victoria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las elecciones, Smotrich ordenó preparar la anexión de los asentamientos en la Ribera Occidental. Dijo en la Knéset (el parlamento de Israel) que el triunfo de Trump “trae una oportunidad importante para el Estado de Israel”. La “única forma de eliminar” la “amenaza” de un Estado palestino, agregó Smotrich, “es aplicar la soberanía israelí sobre todos los asentamientos en Judea y Samaria”, el término bíblico con el que los israelíes se refieren a la Ribera Occidental.

Justo al sur de la aldea se encuentra la bulliciosa ciudad palestina de Al-Eizariya, colindante con Jerusalén Este. Es una comunidad de ritmo acelerado, con bocinas sonando y calles congestionadas que atienden sus necesidades comerciales.

Algunos de los beduinos que serían desplazados se verían obligados a mudarse a la ciudad, dijo a CNN Mohammad Mattar, funcionario del municipio. Sería un mundo distinto para los beduinos, un entorno desconocido para desenvolverse o ganarse la vida, y sin ningún lugar donde pastar a su ganado.

Junto con la construcción del asentamiento E1, Israel planea edificar una carretera que atravesará directamente Al-Eizariya y creará sistemas viales separados para israelíes y palestinos alrededor del asentamiento, según Peace Now, una organización que hace un seguimiento cercano de la expansión de los asentamientos.

Cuando CNN visitó la ciudad, Mattar dijo que se habían entregado 112 órdenes de demolición a comerciantes, con el plazo de desalojo ya vencido. En conversaciones casi en susurros, los palestinos se preguntaban con angustia si alguien había escuchado noticias sobre lo que ocurriría después.

Algunas personas ya habían optado por asumir las pérdidas y cerraron sus negocios en cuanto recibieron las órdenes, a pesar de no tener perspectivas de compensación. Otros, que ya habían enfrentado estas amenazas en el pasado, decidieron permanecer.

“Ellos están esperando una intervención divina o una intervención estatal para detener este proyecto”, dijo Mattar.

Al-Eizariya es considerada una “canasta de alimentos” para la ciudad de Jerusalén, dijeron los residentes. Alberga el mayor mercado comercial de la Ribera Occidental, conectando el norte con el sur.

Si se construye la carretera planeada por Israel, los residentes tendrán que acudir a otros lugares para suplir sus necesidades, lo que dificultará y encarecerá el acceso. En cuanto a los comerciantes, temen que se esfumen sus ahorros de toda la vida.

“Puse todo mi dinero aquí. Si lo destruyen, ya no tendré nada que hacer. Tengo 65 años. Espero que no lo hagan”, dijo a CNN Abdullah, dueño de supermercados y un restaurante en la zona, conteniendo las lágrimas.

“Esperamos que el presidente (Donald) Trump intervenga y detenga esto”.

Durante el primer mandato de Trump, su Gobierno planteó una visión que llegó a conocerse como “El Acuerdo del Siglo”. El plan de Trump hacía una vaga referencia a que partes limitadas de Jerusalén Este fueran la capital de un Estado palestino. Pero desde que asumió de nuevo la presidencia, Trump casi no ha mencionado este plan largamente dormido.

Hagit Ofran es una activista israelí por la paz y codirectora de Settlement Watch en Peace Now. Ha estado monitoreando los asentamientos israelíes y abogando contra la ocupación israelí de la Ribera Occidental durante décadas.

La ofensiva de casi dos años de Israel en Gaza ha hecho difícil captar la atención sobre la Ribera Occidental, dijo.

“Estamos luchando para terminar la guerra en Gaza y para terminar la ocupación en la Ribera Occidental. Aquí es un mundo loco”, aseguró a CNN.

Al considerar la construcción de la carretera para facilitar el movimiento de los residentes del asentamiento E1, Ofran señaló que en la práctica cerrará el centro de la Ribera Occidental para los palestinos y controlará su desplazamiento. Las casas palestinas serán demolidas y las comunidades quedarán aisladas.

“No sé cómo van a tener acceso a los territorios a los que normalmente acceden. Depende de la buena voluntad de este Gobierno, que no ha mostrado ninguna buena voluntad hacia los palestinos”, dijo.

“No se puede desarrollar una economía viable, ni hablar de un Estado”, agregó. “Será imposible que los palestinos tengan una capital en Jerusalén Este”.

Para algunos palestinos, la aprobación final reciente del asentamiento E1 no extinguió la idea de un Estado palestino, porque Israel la extinguió hace mucho al crear hechos sobre el terreno.

“Si miras los asentamientos, que ahora están en todas partes, es imposible construir un Estado palestino con continuidad geográfica”, dijo a CNN Khalil Toufakji, cartógrafo palestino que ha estado monitoreando los asentamientos israelíes desde 1983.

Aseguró que, si bien este movimiento sí marca el final de un futuro palestino, su desaparición ya había quedado confirmada mucho antes.

“Ellos (el Gobierno israelí) aprovecharon el 7 de octubre y al presidente Trump para llevar a cabo sus planes”.

De regreso en la cima de la colina, con la brisa de la tarde bajo un árbol frondoso, Mazara’a contempla su aldea, sin saber si seguirá siendo su hogar al amanecer.

“No es solo mi vida; son mis recuerdos y mi infancia. Conozco cada rincón de esta zona”, dijo.

“Jabal al-Baba no es solo el fin de los sueños de los beduinos que viven aquí, también es el fin del sueño de todo palestino de tener un Estado en el futuro”.

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